La basura nos está “ganando”

Non serviam/

Leopoldo Emmanuel Benítez Arias/

Sin la menor intención de parecer quejica, hay veces que no comprendo qué sucede con la gente en este bello estado. Desde las autoridades de alto nivel hasta los ciudadanos de a pie, una alarmante cantidad de personas no tienen respeto por el ambiente ni tampoco les interesa depositar la basura en su lugar.

Durante el camino de Cunduacán a Villahermosa he visto el paisaje cambiar gradualmente a lo largo de los años. Enormes áreas de árboles desaparecieron, entiendo algunas de estas medidas, otras me preocupan. En algunas de esas áreas hay industrias o se amplió la carretera, en otras… pues simple y sencillamente no hay árboles.

Me gustaría ver más compromiso, un intento verdadero y serio por rescatar áreas de selva para preservar los pulmones de esta región, regular la emisión de gases que la mayor parte del transporte público emite. Cuidar la calidad del agua —supuestamente somos poseedores de un tercio de ella en México—; recientemente fui a la Barra de San Pedro, Centla, ni qué decir, una comunidad marginada con una terrible contaminación marina. Producto del descuido del gobierno y de algunos habitantes de ahí también, no nos hagamos.

Y ahí está la cuestión, ¿qué hay de nosotros, la gente? ¿Qué tan comprometidos estamos para preservar limpio nuestro estado o municipio o ya de plano nuestras calles?

Cuando acudí al mitin de AMLO (historia vieja) la concurrencia dejó hecha un verdadero basurero la Plaza Revolución. En la presentación de las Flores de Cunduacán pasó lo mismo —no presencié el evento, pero pasé por ahí cuando terminó y atestigüé el tiradero.

Es cosa de todos los días: el tipo que va en el auto y avienta basura a la carretera, la señora que se asoma al portón y arroja una bolsa de desperdicios a la banqueta, el lote baldío transformado en vertedero por los ciudadanos; el que arroja las colillas de su cigarro al suelo, los repugnantes que pegan sus chicles masticados en cualquier parte… sólo nos queda confiar en que las generaciones venideras no hereden nuestra falta de conciencia, a menos que nos encontremos con jóvenes como el que les comentaré.

A comienzos de esta semana, iba caminando hacia mi casa cuando me topé con un grupo de estudiantes de la Secundaria Técnica No. 25 que regresaban a sus hogares. Uno de ellos venía bebiendo un refresco embotellado; una vez lo hubo bebido todo pateó la botella. Al ver que el estudiante siguió su camino le pregunté si no planeaba levantarla, él respondió que no porque la calle no estaba contaminada.

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