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Cuando pitcheé por cien mil pesos…

Crónica/

Pako Domínguez/

Siempre me ha gustado la idea de hablar en público y, sin embargo, suelo sufrir de nervios cada que estoy en un escenario.

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El martes de la semana pasada llegué con algunos amigos a Guadalajara para la octava edición de Campus Party México. Quizá se enteraron porque Ito, publicista al fin, hizo que medio Tabasco lo supiera (excepto la prensa). Joel, Ivan, Paola y Bruno completaron el grupo.

Recién aterrizamos, se nos hizo saber que podíamos participar en el Hackathon, una competencia en la que gana aquel que use la tecnología para resolver una problemática en específico. Decidimos entrar. No llevábamos preparado absolutamente nada y aun así, había cierta fe en el grupo acerca de lo que podíamos lograr.
Por algunas situaciones, solo nos pudimos inscribir Paola y yo. Teníamos la idea: crear una aplicación de educación financiera. Teníamos el primer problema: no somos programadores, ni desarrolladores web, ni nada que se le parezca. Joel resolvió el inconveniente y, a media noche del miércoles-jueves, le dijo a Karla Lorena -quien para ese momento jugaba Nintendo- “¡Oye! ¿Eres programadora? ¿Quieres estar en nuestro equipo?”. Ella resultó ser programadora y aceptó estar en nuestro equipo.

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El viernes recibí un mensaje, Mariana Duarte encontró mi número telefónico pegado en el tablero de anuncios y me dijo que podía ayudarnos en el diseño gráfico y en programación. El equipo estaba completo.

Y empezó el juego. La primera fase era definir conceptualmente el proyecto. Lo hicimos. De 40 equipos, clasificamos 20 a la segunda ronda. Se nos dijo que estábamos en el lugar número 13 y que debíamos esforzarnos para pasar a la tercera ronda.

Curioso fue que todos los equipos clasificamos a la tercera ronda, presentando bocetos del prototipo tecnológico que estábamos desarrollando. Ésta ronda consistió en presentar nuestro prototipo ante gente de Citibanamex y Billpocket. Era el último filtro para llegar a la final, que consistía en hacer un pitch en uno de los escenarios montados en Expo Guadalajara para el evento. Nunca supe por qué, tal vez porque no entiendo de códigos web, pero nuestro prototipo tuvo problemas para andar en tiempo real y parecía que quedábamos fuera. Y, a pesar de eso, algo les llamó la atención, porque mientras intentaba distraerlos con los conceptos que desarrollamos sobre la marcha, hubo tiempo para responder preguntas. -Al rato nos muestras el prototipo bien -dijeron.

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Estábamos fuera. Esa ronda consistía en presentar un prototipo y no lo hicimos. No sé qué pasó por la mente de Rena y Mariana, que siguieron programando. Como si todo marchara bien.
Una hora después anunciaron a los finalistas. Nuestro equipo estaba en la final

Acostumbrado a contar chistes y hacer conversaciones con extraños, la noche anterior me había dormido a las 6 de la mañana porque estaba conociendo gente e invitándolos a negocios multinivel. Fue el entrenamiento que utilicé en dado caso de que pasáramos a la final. Algunas personas me dijeron: “Fuimos finalistas en el Hackathon de Zacatecas; nos faltó un buen pitcher. Contigo hubiéramos ganado”.

Así que, tras perder más de la mitad de las actividades del Campus, los esfuerzos habían dado frutos. Tenía cinco minutos para exponer nuestra idea. Si ganábamos, tendríamos 100mil pesos y la victoria en uno de los hackathones más grandes del mundo.

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En nuestra categoría compitió Payit. Más de 90mil descargas y 25 pesos si bajabas su app, me hicieron pensar que ellos ganarían.

Mientras tanto, me dediqué a escuchar, por tres horas, dos de mis canciones favoritas: Vivo para Ti y Arde en Mí, fue lo único que sonó en mi mente ese tiempo. Simultáneamente escribí la presentación en Keynote. Recurrí a los memes. En un mundo carente de fe, Dios es la mejor opción. Siguiendo la misma lógica: en momentos de tensión, la risa que los memes te pueden dar, servirán de aliciente.

Le avisé a mis papás que estaba en la final de un evento importante; tardaron en entenderlo. Pamela Uribe me marcó para darme indicaciones; después oró por mí. Joel hizo lo mismo.

De repente, el momento se tornó más espiritual de lo que uno esperaría. Hacía apenas dos días, había caminado toda la Expo GDL, y había pensado: “Dios, quiero estar en uno de estos escenarios el próximo año”. Y en menos de 48 horas, el sueño se iba a cumplir.
Dieron las diez de la noche y en el grupo de whatsapp de mi familia, papá me dijo “lo que va a pasar, ya pasó”.

Entendí que Dios está en el juego.
Para las diez y cuarto, la tercera llamada se ejecutó, y la fila empezó a avanzar. Ito, que lleva años viéndome predicar, exponer e intentar hacer stand up, se acercó y oró por mí. Él sabe lo que en otras ocasiones me habían hecho los nervios, pero aquí no había margen de error.

Empezó el juego. Subí al escenario a las 10:50 de la noche. Tomé el micrófono e interactué con el público, con los couches y los jueces. Eran los mismos sujetos que habían permitido que pasara a la final sin un prototipo al 100%. No sé qué pasó, pero no tuve nervios. Acaso la gente de Esperanza De Vida que oró por mí, sin saber bien a bien por qué oraba. O tal vez Joel, que mientras grababa el pitch, me felicitaba porque todo estaba fluyendo, provocando risas y que me distrajera un poco. Da igual.

Me preguntaron por qué un banco compraría nuestra aplicación, si ellos ya han desarrollado mecanismos.

Respondí que porque nadie cree en las instituciones, incluyendo a los bancos; por lo menos, no los millenials. La gente aplaudió. Eso no es común en el transcurso de un pitch. También dije que somos una generación que estudia, pero con modos distintos, no por ello con menos interés.

Al bajar, el coordinador del Hackathon nos felicitó. “No sé si ganen o pierdan. No sé lo que pasará, pero entendieron el chiste del juego. Lo hicieron. Se la creyeron. Felicidades”. Más de uno me dijo que le había gustado lo que dije. Joel le aumentó gracia al momento, cuando al bajar del escenario me abrazó, celebrando, sin antes haber ganado.

La gente de Infosferas nos entrevistó. Les gustó que dijera que nadie cree en las instituciones y yo respondí que eso lo aprendí en la Iglesia.

Ito se acercó a mí y me dijo: “Pako, por fin lo hiciste. Hoy te superaste, hoy diste el paso”. Y es que él estuvo hace 5 años, cuando en el mismo lugar, en el #DesafioX2 me ganaron los nervios mientras contaba lo que hacía con Siempre Kise Ser. Ahora era distinto.

Algunos dijeron que fue el mejor pitch de la noche. Un buen cumplido, considerando que habían pitchmans consumados en esa categoría.

Y luego pasaron todos los demás. A media noche dieron resultados. Amigos, más de uno nos pronosticó mínimamente un segundo lugar. No logramos ni el tercero. Y ahí terminó el sueño. No había más.

Me tomó media hora asimilarlo. Cuando estuve en condiciones, me acerqué a los jueces. Me felicitaron y me dijeron que soy buen vendedor (¿influirá el que me dedique a eso?). Un chico de 19 años me dijo: “Nadie le ha hablado con tanta energía a mi papá en los últimos 20 años”. Su papá es un alto ejecutivo de Banamex. Después me felicitó por mi discurso. De nuevo, dije que lo más notable de la presentación lo había aprendido en mi Iglesia. El muchacho me contestó que es Jesuita y al decirle que soy Protestante se sintió un poco desconcertado. Eso no evitó que le dijera que los Jesuitas me caen muy bien. Nos dimos un “Dios te bendiga” a modo de despedida.

Me despedí del padre de mi nuevo amigo. Me dio su tarjeta y me dijo “llámame”. Quizá un día de estos vayamos por unos tacos de La Minerva, a donde fui a cenar con mis amigos para celebrar que habíamos llegado a la final.

El del Uber nos preguntó qué tal es el Campus Party, le respondimos que muy bueno. “De hecho, acabamos de perder 100mil pesos en un concurso”.
A las 5 de la mañana, mientras deambulaba por los diversos stands del evento, me topé a dos chicos tocando ukeleles. Me quedé con ellos y después de un rato se anexó alguien más al grupo. Era el organizador general del Hackathon. En la plática surgió que habíamos sido finalistas. Él, y su amigo (¡que organizó las peleas de robots!), nos invitaron al after party del #CPMX8, pero no fuimos porque nuestro vuelo salía temprano.

Debo agradecer a FUERSAMx y a Nacho Lastra Marín, quienes corrieron con todos los gastos para que estuviéramos en tal evento. Sin conocer más que algunos de nuestros proyectos, creyeron en nosotros y gracias a ellos vivimos esta aventura. También a Nata Manjarrez, mi jefe, por darme permiso de ausentarme cuatro días en fechas importantes de trabajo.

Uno suele pensar que los jueces son los catchers, yo creo que no. Seguro que Dios ha de tener el guante y está detrás del plato de home. Él juega en mi equipo, o más bien, yo juego en el suyo.

El sábado, unos minutos antes del pitch tuiteé: “Dios está en el juego”. Y lo estuvo. Lo sigue estando.

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Aquí entre nos, un choco será su Presidente: AMLO

 Víctor Ulín/

Diría que es un Santo de carne y hueso que puede hacerle el milagro a los mexicanos.

Si se detiene o se queda un poco más sus paisanos de Tabasco comenzarán a rezarle y le pondrán velas.

Lo adoran.

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Los tabasqueños lo adoran.

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Será el último en hablar y en irse.

La gente se le lanzará para tocarlo al final del evento y con suerte le tome una foto o toque la camioneta roja en la que llegó y se irá en medio de un tumulto que lo seguirá hasta que desaparezca entre las decenas de carros que se amotinarán en los alrededores.

La gente que soportará el calor y la espera solo viene a verlo y a intentar estrechar su mano.

El resto de los que estarán en el templete son personajes que a pocos de los presentes les interesará y lo demostrarán cuando abucheen sus nombres anunciados por el presentador.

Andrés Manuel López Obrador les agradecerá a todos la lealtad que le han tenido. Desde el corazón les hablará de sus sentimientos, de lo alegre que se siente de estar entre los suyos.

-¡Los quiero!- les dirá a pulmón tabasqueño. Y apelará a su carta de residencia-: Yo nací aquí.

Selló la alianza con sus seguidores.

Alrededor de 20 mil almas esparcidas en la Plaza de la Revolución atestiguarán este momento histórico.

Lo que vivirán será una réplica de lo que antes han presenciado y escuchado de su líder moral. La mafia del poder que quiere vender hasta el último tornillo de Petróleos Mexicanos (Pemex) y que se regodea explotando  a un pueblo que en apariencia está decidido a cambiar de verdad y a confirmar que la tercera para el tabasqueño puede ser la vencida.

Solo que esta vez la posibilidad de que sea su Presidente de México parece más cercana.

-Los poderosos ya no nos ven mal- confesaría en una entrevista publicada por la mañana en el diario Tabasco Hoy.

-Llegó la hora del Sureste y de Tabasco- dice optimista, mientras le pide a los asistentes guardar el secreto para que nadie se entere-:  aquí entre nos, un choco puede ser Presidente de México.

Aquí entre la muchedumbre la realidad es otra a la que verán y escucharán desde el templete los invitados perredistas, priistas y pvemistas que se sumarán con su firma al Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y Renacimiento de México.

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Raúl Ojeda Zubieta es el primero en pasar a firmar el Acuerdo y prueba el rechazo de los asistentes.

-¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!

El tres veces candidato a gobernador por el PRD no es bien recibido en las filas de Morena.

Difícilmente Andrés Manuel López Obrador escuche lo que esta gente que me rodea grita desde el fondo y que se va diluyendo a la distancia.

Rosalinda López Hernández, Mario Llergo Latournerie, Armando Padilla Herrera, Marco Rosendo Medina Filigrana, Jesús Selván, Ariel Cetina, y otros nombres conocidos son también abucheados. Algunos ni llegan a chiflidos o a expresiones de molestia.

Me sorprende que cuando Adán Augusto López Hernández es presentado como dirigente estatal de Morena para firmar el Acuerdo sus correligionarios le regateen los aplausos.

Los aplausos que le dieron a Obrador no se lo repiten a su hombre de mayor confianza y su virtual candidato al gobierno de Tabasco para la elección del próximo año.

Adán es el responsable de que el evento sea un éxito en asistencia y organización y de que Morena crezca, aunque con tantos priistas y perredistas parezca un Frankeistein.

Los dirigentes y Obrador deberían escuchar más -y seguido- el sentimiento de sus seguidores que son los últimos en enterarse del arribo de militantes de otros partidos a Morena.

-No nos peleemos entre nosotros –matizaría Andrés Manuel López Obrador buscando el consentimiento de sus seguidores para los nuevos militantes que con un pasado y presente cuestionado llegan a Morena a buscar la candidatura ambicionada que en sus partidos les negaron o les dieron pero perdieron en la elección en turno.

 

 

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No hubo esta vez una bendición o perdón explícito para los recién llegados a Morena.

Andrés Manuel López Obrador les dio una redención mayor: perpetuar sus nombres en un libro y a partir de este domingo convertirse en fieles y leales seguidores de la causa compartida.

 

 

 

“Hoy fui a recoger mis recuerdos del Pino Suárez”…

Mañana comienza la mudanza de todos los locatarios e iniciará la demolición del mercado público más antiguo de Villahermosa. Volver a caminar los pasillos para desandar los pasos es regresar a un pasado que uno no quiere remover de estas paredes y pisos. Preferiría uno quedarse entre los muros y los escombros bajo tierra para dejar intacta la memoria./

Víctor Ulín/

Hoy fui a recoger mis recuerdos al Mercado Pino Suárez. A mirar tantos rostros que ya no están. A tomar de la mano a mi madre como la última vez –hace muchos años- que caminamos juntos buscando a don Hernán, el vendedor de trompos de dos colores, de canicas de cristal, de baleros y yoyos de madera. Hace ocho meses falleció.

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Los rostros que ya no están.

 

Mañana comienza la mudanza de todos los locatarios e iniciará la demolición del mercado público más antiguo de Villahermosa. Volver a caminar los pasillos para desandar los pasos es regresar a un pasado que uno no quiere remover de estas paredes y pisos. Preferiría uno quedarse entre los muros y los escombros bajo tierra para dejar intacta la memoria.

Mientras avanzo y registro fotos de los locales y pasillos  aparecen los rostros de hombres y mujeres de los que nunca supe su nombre. Fantasmas que también embolsaré y llevaré a casa conmigo este medio día. Son parecidos al señor que me ofrece insistente un maso de perejil o bolsa de limón, o los que me piden con la mirada que compre algo.

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El mercado José María Pino Suárez en la víspera de su demolición.

 

Vine a despedirme de los que ya no están. Nadie, solo yo, sabe que esta será mi última visita al mercado que conocí desde niño por voluntad de mi madre que decidió que su hijo menor la acompañara y, -cual hombre en ciernes-, fuese oficialmente el responsable de cargar el morral repleto de verduras y la despensa de la semana. Un pastelito relleno de merengue era el pago al privilegio de cargar el morral de mamá.

Cuando crecí y mi madre dejó de llevarme, seguí viniendo a veces a tomarme un pozol con un dulce de coco o a comerme un puchero buscando el sabor de casa. Pero desde los días que murió mamá no volví a caminar por los pasillos de este mercado que ahora me parece tan pequeño, tan endeble, tan envejecido, preparado para ceder su lugar a otro más joven.

La última vez que me acerqué, sin recorrerlo, fue para visitar a don Hernán y escribir su historia.

Sentí que tenía una deuda pendiente con el hombre que me procuró el trompo de dos colores y las canicas de muchos que alegraron la etapa más feliz de mi vida.

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Para don Hernán debí ser uno más de los niños que llegaba acompañado de su madre a comprarle un trompo. O quizá no.

Nunca se hubiera imaginado que uno de ellos volvería años después a preguntar por él y a despedirse. A escribir su historia.

Antes de este domingo había intentado localizarlo. Vine ex profeso a buscarlo, pero esa vez no lo encontré y tampoco pregunté a nadie por su paradero. Pensé que no había venido a trabajar. Pasó el tiempo y volví hasta este domingo a buscarlo, en la víspera de que sea demolido el mercado.

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El puesto donde alguna vez don Hernán vendió trompos.

Murió hace ocho meses de una enfermedad que lo mantuvo postrado dos años en cama, me confía una mujer que, impávida, congelada sus facciones, permanece sentada a un lado de su cajita de dulces, cerca del puesto –vacío- donde don Hernán colgaba los trompos.

-Después de dos años se murió- agregó ella.

Fue un instante raro. Lloré. Lloré  en silencio mientras terminaba de recorrer el mercado e irme. Salí con mamá tomado de la mano y nos despedimos del mercado y de don Hernán.

Yo, repleto de recuerdos, me traje el morral a casa.

La mató cuando le dijo que era hombre y no Paola…

Redacción/ Texto y fotos: Letras Rojas/

México.- Paola era una chica travesti que se dedicaba a la prostitución. Tenía 23 años la noche que fue asesinada por un exmilitar. El pasado 30 se septimbre el hombre se acercó a un grupo de sexo servidoras para solicitar un servicio.

Ella decidió irse con él por 200 pesos, subió a un automóvil Nissan March color gris con placas MXB-6583 y a sólo cincuenta metros del lugar donde la recogió – Puente de Alvarado y Juan Aldama colonia Guerrero-, el vehículo se estacionó. Un momento después se escucharon dos detonaciones de arma de fuego.

Paola falleció casi al instante a causa de dos balazos calibre 9 milímetros por parte  del exmilitar y actual trabajador de seguridad privada: un balazo le entró por el pecho y salió por la espalda, destrozando sus pulmones; el otro tiro impactó su barbilla y salió por la parte alta de la cabeza.

Sus compañeras llegaron en su auxilio y lograron detener, con ayuda de los tripulantes de una patrulla, al hombre que se encontraba con ella. Aunque el cliente fue presentado ante el Ministerio Público de la delegación Cuauhtémoc, 48 horas después fue puesto en libertad con el argumento de que no había pruebas suficientes para vincularlo a proceso por homicidio.

El cadáver de Paola fue entregado el domingo a sus amigas, mismas que antes de llevarlo a la funeraria Rudiño, ubicada sobre Eduardo Molina, decidieron colocarlo la tarde del lunes sobre la avenida Puente de Alvarado e Insurgentes, muy cerca del lugar donde fue asesinada, como medida de presión para exigir justicia a las autoridades capitalinas.

Un par de horas después los restos de Paola llegaron al velatorio, ahí pasó la noche entre rezos y lágrimas de sus conocidas. Su funeral fue un lujo, el costo superó los 25 mil pesos por la sala de velación, el servicio de café, asesoría en trámites, traslado, embalsamado, maquillaje e inhumación en el Panteón Civil de San Lorenzo Tezonco en Iztapalapa.

“Para pagar el funeral cooperaron chicas de diferentes zonas: de la Merced, Sullivan, Insurgentes, Puente de Alvarado y hasta Tlalpan. Ves a pocas aquí pero son muchas las que apoyaron con algo, pueden ser putas… pero no culeras”, detalló Adriana Barrios Ruiz quien le rentaba a Paola desde hace más de un año un pequeño cuarto en donde vivía en la calle de Doctor Enrique González Martínez y Sor Juana Inés de la Cruz en la colonia Doctores.

Belinda Morales, otra mujer transexual, precisó que a Paola la conocía muy poca gente en la capital, y agregó que la vida de la joven estuvo marcada por el sufrimiento y el rechazo de su propia familia, incluso su madre se avergonzaba de que fuera un ‘amanerado’, un ‘jotito’”.

“Ella huyó de Ciudad del Carmen, Campeche, siendo adolescente. Vagó por algunos estados del sureste mexicano, donde comenzó a prostituirse para sobrevivir hasta  que llegó a la Ciudad de México hace poco más de tres años. Bebía mucho, casi todo el tiempo trabajaba borracha, pero no era agresiva”, explicó Belinda visiblemente cansada por los días que lleva sin dormir bien, se maquilla, pero el polvo no es suficiente para disimular la barba que comienza a crecer revelando su género.

En el funeral todo es triste, deprimente. Desde la entrada unos carteles sucios demandan justicia, recargadas en el féretro otras cartulinas lo reafirman. Una corona de flores con la leyenda “Recuerdo de la Banda de Puente de Alvarado” se marchita y su aroma a flores rancias se disimula solo por el de la mariguana que fuman las chicas.

Quien sostiene el “toque” es Kenia, una trasvesti alta y delgada con tatuajes y cicatrices por todo el cuerpo, con unos senos que casi revientan su blusa. Corre el “gallo” y a cambio recibe una “anforita” de anís Mico, bebe un trago largo y atiende las preguntas de Letra Roja.

“Durante una audiencia oral para determinar si se le dictaba auto de formal prisión o no al imputado de nombre Arturo Felipe Delgadillo Olvera, el juez consideró que el carro, el arma, la versión de los testigos y los videos no eran suficientes como pruebas.

“El agresor sí fue trasladado al Reclusorio Varonil Norte, pero ya está libre. Honestamente el Ministerio Público nos aconsejó mal, no sé si fue a propósito o de verdad son tan ineptos, pero el caso es que el detenido volvió a la calle sin problemas”, comentó Kenia.

Pero si para el juez de la causa todos los elementos no eran suficientes pruebas, el cuerpo de Paola inerte dentro del ataúd debería de serlo. “Según el testimonio del agresor, Paola no le dijo que era hombre y cuando se dio cuenta discutieron, el tipo dice que ella intentó quitarle el arma y en el forcejeo ella sola se disparó dos veces. ¡Es ridícula esa versión. Por la forma en que recibió los disparos es obvio que no fue así!”

Cerca de la una de la tarde la música de Edith Márquez termina. Hay un silencio y una certeza, es la hora de llevarse el cuerpo a su morada final, de pronto sus amigas caen en cuenta que es todo, una vez que la bajen a la fosa no la volverán a ver jamás.

La pesadumbre y el cansancio acentúan la tristeza, el llanto corre por las mejillas de algunas de sus compañeras, en otras vuelve a surgir la indignación, “la prostitución es un trabajo, el asesinato un crimen y nos tratan peor a nosotras que a los delincuentes, no hay día en que no nos maltraten. Ya estamos hartas de la violencia, de la transfobia, de la impunidad”, remarca Kenia mientras se mete de un jalón el último trago de la botella de anís.

El séquito sale con el féretro al Panteón Civil de San Lorenzo Tezonco en Iztapalapa. Cerca de las 16:00 horas se escuchan los mariachis ante una fosa que espera abrazar el cuerpo de Paola. Sus amigas abren la tapa del ataúd y se despiden con abrazos y besos que le depositan en la frente, la última en hacerlo es Kenia, por un segundo olvida dulcificar su tono de voz y se oye una grave y áspera que promete: “¡Te juro que no se va  aquedar así, no habrá impunidad, exigiremos justicia para ti!”.

 

Iván, un niño especial, tiene ya su beca y útiles gratuitos para seguir estudiando

Redacción/

A diferencia de los otros niños que le precedieron de las escuelas de nivel básico en el municipio de Centro, Iván Abdiel Cárdenas Delgado no subió al estrado. Como estudiante del cuarto año de primaria en la Escuela Especial María Pérez Priego tuvo el honor de ser uno de los primeros estudiantes tabasqueños en recibir su beca y útiles escolares, pero por su condición de autista, fue el gobernador quien se acercó a dárselos.

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Acompañado por su madre, Ana Leticia Delgado Domínguez, esperó en primera fila la mochila amarilla con los cuadernos y la beca económica, que obtiene por segunda vez.

La ceremonia simbólica de apoyos “Becas Nivel Básico, ciclo escolar 2015-2017”, y “Útiles Escolares Gratuitos, ciclo escolar 2016-2017”, duró poco menos de una hora, lo que para Iván Abdiel representó un alivio, pues logró mantenerse atento y sereno en el Salón Villahermosa de la capital tabasqueña.

La beca económica que recibe en dos pagos anuales servirá a su progenitora para pagar la transportación diaria, desde donde viven, en el sector Lindavista, hasta la colonia Tierra Colorada, donde está ubicada la escuela. “Iván no camina bien, así que tengo que agarrar taxi de lunes a viernes para llevarlo a la escuela”.

El resto se destinará a la compra de útiles escolares especiales. “Mi hijo es especial, tiene capacidades diferentes y necesita de bastante material didáctico como plastilina y juegos para aprender”.

El Gobierno de Tabasco entregará en estos días 264 mil 25 paquetes escolares con una inversión de 85 millones de pesos.

Mientras el titular del Poder Ejecutivo expuso a los padres de familia, maestros y autoridades civiles, que las 11 mil 641 becas que se entregarán a igual número de alumnos, en todo el territorio tabasqueño, con un importe total de 27 millones 910 mil pesos, tienen como fin “apoyar la formación y la educación de las nuevas generaciones de Tabasco y de México”, la madre de Iván cuenta con sus propias razones de peso para estar agradecida con este programa.

“Mi hijo ha avanzado mucho, no habla bastante, pero ya conoce las letras y en su forma puede comunicarse con nosotros y sus compañeros de escuela”.

Por fin, nombrados cada uno por el orador, los alumnos de la primera fila suben a recibir sus apoyos. Y finalmente toca el turno a Iván Abdiel. Su hijo sonríe. Su madre está igual de emocionada. Estrecha la mano del mandatario estatal que se ha acercado hasta donde están sentados. Agradece la existencia del programa escolar. “Muchas gracias por el apoyo que el Gobierno de Tabasco da, en particular a estos niños especiales”.

Para los asistentes quedan grabadas las últimas palabras de su gobernador, aun cuando el acto ha terminado: “Por mandato constitucional, la educación es gratuita, a nivel de preescolar, de secundaria y ya de bachillerato. Aunque no es constitucionalmente obligatoria la educación gratuita en el nivel superior, licenciatura, maestría y doctorado, con mucha frecuencia el Estado mexicano también la imparte en ese nivel. Y eso lo complementamos con este apoyo a través del programa de becas. No lo asumimos como gasto, sino como inversión”.

 

 

 

(Frases)

 

“Mi hijo es especial, tiene capacidades diferentes y necesita de bastante material didáctico como plastilina y juegos para aprender”.

 

Ana Leticia Delgado Domínguez

Madre de Iván Abdiel

 

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“Porque la mejor inversión que una sociedad, que un gobierno pueden hacer por su bien presente y su bienestar futuro, es apostarle a la educación de las nuevas generaciones, y así lo hacemos hoy en Tabasco”:

 

Arturo Núñez Jiménez

Gobernador de Tabasco

Los últimos “latidos” del viejo mercado Pino Suárez

Crónica/

Salma Abo Harp/

Escucho el sonido de las maquinitas tragamonedas en el Mercado Pino Suárez. Los pesitos caen dentro de la abertura provocando un ruido metálico. Veo a hombres y mujeres -nunca faltan los abuelitos- probando su suerte; cuando les favorece, con la misma rapidez con la que la máquina expulsa las monedas éstas vuelven a entrar: tin-tin-tin caen las monedas y la lucecita roja comienza su trayecto sobre las frutas dibujando un cuadrado. A mi izquierda justo en la entrada un hombre grita: ¡Limones a diez la bolsa! e intercambia palabras con una señora de cabello cenizo que vende ajos. Camino sobre el piso gastado, sintiendo el olor de las cañerías, taquerías, carnicerías, chiles, croquetas de perros, alimento para aves de corral. Es la primera mitad de julio y visito el mercado más grande y más viejo de Villahermosa porque hay planes de que este galerón de casi una cuadra y techo alto sea derribado para adaptarse a la modernidad.

Mercado Pino Suárez. Planta alta. Administración. Habla Ernesto Govea Contreras: “Yo vivía en la esquina de Lino Merino y Pino Suárez cuando vino el gobernador a inaugurar el mercado. Pues como todo niño curioso, 13 o 14 años tenía yo, me jalé para acá para el mercado y me asomé por los portones que en ese tiempo estaban y vi hacia adentro y me pareció algo inmenso, era la nave central. Cuando llegaron los señores, los políticos con toda la pompa aquella que ese día llegó a inaugurar el mercado, cortaron el listón y ahí habló el gobernador, en ese tiempo estaba Madrazo, y de lo que me acuerdo es del costo de la inversión que se hizo, era de cuatro millones de pesos en aquél tiempo. Eso es lo que más recuerdo. Lo que vi del recuerdo. Fue como una experiencia inolvidable sin saber que yo iba a ser el administrador del mercado y que una niña preciosa me iba a venir a entrevistar el día que yo cumplía 70 años”. Narra pícaro don Ernesto en su oficina.

Hace 54 años de esa anécdota; hoy explica que el mercado manifiesta serias deficiencias estructurales en las instalaciones eléctricas y el drenaje. “Ya es necesario” responde cuando se le pregunta sobre el proyecto de reconstrucción del Pino Suárez con una inversión de 280 millones de pesos. El galerón de casi una cuadra será sustituido por un edificio de tres pisos, con espacio para 1200 locales y un estacionamiento, según anunciaron en abril del 2016 autoridades municipales.

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“Esos grandes monstruos poco a poco han ido liquidado a nuestros mercados”, afirma refiriéndose a las cadenas de supermercados de publicidad azul, roja o naranja que abren sucursales en las colonias: “No estaban preparados los mercados para la competencia, lucharon, hemos sobrevivido por la tradición y la cultura: el regateo, el calor humano, muchas veces hay buenas pláticas, buena vibra, eso le gusta a los que vienen aquí. En los grandes almacenes el trato es muy frio. Aquí hay productos frescos del día no refrigerados.

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El rincón artesano se encuentra a pocos metros de la entrada frontal derecha del mercado Pino Suárez. Con el número 36 pintado en la parte superior este pequeño local es uno de los casi 1150 locales que se encuentran en el mercado. Ahí charlé con sus dueños: Gebert, un señor de ojos verdes, y con su padre, don Robert Zurita que a sus 82 años es uno de los últimos miembros fundadores del mercado Pino Suárez. Recuerda los años de apogeo del mercado: “No había supermercados en la ciudad, no había nada. Era el mercado público, eso hacía que esto viviera lleno”. El abuelo de cabello blanco, camisa celeste, pantalón negro y botas negras lustrosas posee junto a su familia cuatro locales que han servido para construir el patrimonio de su hogar. Gebert, el mayor de sus cuatro hijos es el propietario de El rincón artesano. Desde hace cuatro años, con sus productos variopintos lo adaptó a la modernidad depredadora: “Nosotros seguimos conservando las tradiciones de Tabasco. Todo esto es de aquí de Tabasco. Todo está hecho en Tabasco, todo artesanal, industrial” dice orgulloso don Robert.

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Los contrastes de colores y productos bien podrían servir para ilustrar una postal. Así se ve el local de limpias paredes blancas de los Zurita: hay relojes de mujeres tabasqueñas que en sus faldas extendidas marcan la hora, cayucos en miniatura apilados sobre un estante, frascos de salsas de colores negros, verdes, rojos y naranjas -dependiendo el picor-, licores de cacao, maracuyá, flor de jamaica; horchatas, galletas, chocolates, botellas de vainilla, bolsas con granos de cacao, panes de Emiliano Zapata, quesos de Tenosique, llaveros, ceniceros, cabecitas Olmecas…

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Don César Aguilar, 71 años, bigotito y cabellera entrecana, me cuenta anécdotas de su vida en su mercería “César” ubicada desde hace seis años en un local de la planta alta del mercado Pino Suárez: “Cuando yo entré aquí no existía eso” y señala hacia la calle Primavera que separa dos cuadras que se extienden hasta la calle Pedro Fuentes. En cada esquina hay letreros azules de una cadena de abarrotes seduciendo a los clientes del mercado. Don César se refiere a hace más de medio siglo: “Todo ahí era orilla casi del río, lleno de sauce llorón. Todo eso era sauce llorón. Te digo porque yo venía a jugar ahí yo soy mero choco”. Su padre abrió un local donde vendía frutas y legumbres cuando se inauguró el mercado, pero el negocio aguantó sólo dos años al cambio.

De estantes de madera en su local cuelgan agujetas de zapatos y en las paredes hay estambres y botecitos transparentes con botones. Es una mercería en extinción: “Parisina y Modatelas han acabado con las mercerías chicas. Aunque todavía se defiende uno, porque normalmente aquí la atención es personal”, de esta charla anoto en mi libreta de apuntes que en sus tiempos los tacos costaban 30 centavos y abajo, en las calles, el concreto ha suplantado al sauce llorón; está inundando Villahermosa.

 

 

La gasolinera más popular de Tabasco que da litros de a litros

Víctor Ulín/

Hay quienes vienen desde hace dos años que empezó a operar y no han dejado de hacerlo. Notaron desde un principio la diferencia y el ahorro. Los nuevos, llevados por la curiosidad o la sugerencia de algún amigo, llegan incrédulos y lo primero que le preguntan a Nicasio, el despachador, enfundado en su icónico overol verde, es si de verdad  aquí ponen litros de a litros de gasolina a los automóviles.

A su arribo, a unos metros de distancia, los consumidores pueden ver que hay un cartel que la delegación de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) colocó para avalar la honestidad del grupo DG, dueña de la gasolinera Olmeca, pero no es suficiente. Nicasio es el que confirma la versión oficial y popular de que en esta estación localizada en una plaza comercial sobre el velódromo de la Ciudad Deportiva, casi frente al Palacio de los Deportes, si dan litros de a litros.

A las nueve o diez de la noche, a veces a las ocho, se acaba el combustible. En la madrugada la pipa, como diariamente, cargará las cisternas subterráneas para iniciar otra vez el servicio a los automovilistas. Aquí el combustible no permanece almacenado como en otras estaciones, se adelanta en aclarar el jefe de piso que supervisa el funcionamiento de las bombas y el desempeño laboral de los despachadores como Nicasio.

Las filas son interminables. Desde la madrugada comienzan a llegar los vehículos para cargar gasolina Premium o magna. Hasta los dueños de Mercedes y BMW acuden a esta estación y, como suele pasar, no siempre son los más generosos con los despachadores cuando se trata de darles una propina como agradecimiento a la atención.

A los automovilistas -informa el jefe de piso José Pacheco- “no le importa tardarse media o una hora, así esté la cola de larga. Han comprobado que aquí sí les rinde el combustible”.

El tiempo de espera se traduce entonces en un mayor rendimiento y reducción de gastos.

Don José tiene cinco camionetas Nissan y todas las abastece de gasolina en esta estación, la más popular de Villahermosa y el estado de Tabasco, aun cuando, según la Profeco, son 13 las estaciones, de varios grupos de gasolineros, que ofrecen litros completos a los consumidores en Centro.

“Si no dieran los litros completos yo no estaría aquí ahora”, expresa al reportero don José y reconoce que, en efecto, lo que ahorra en litros de gasolinas que no le roban, es considerable.

La experiencia de don José se va multiplicando entre los consumidores, hombres y mujeres que huyen de las decenas de estaciones dispersas en la ciudad que no dan litros completos. Que roban. Que prefieren pagar 250 mil pesos de multas por no permitir que inspectores de la Profeco realice inspecciones en las bombas, de acuerdo con la versión del delegado, Máximo Moscoso.

Doña Victoria, por ejemplo, tiene una camioneta Mazda y asegura que los 500 o 600 pesos que le pone de gasolina le rinden una semana, con el uso de clima incluido y una actividad demandante a diario.

Antes de conocer de esta estación, solía acudir a la Faja de Oro, ubicada sobre la Avenida Ruiz Cortines. Por supuesto que la gasolina no le rendía lo que ahora. Eran menos días. Le robaban.

Enrique y su madre, doña Petrona, han comprobado por más de año y medio que en esta estación el combustible les da un mayor rendimiento: 400 pesos de magna para su Chevy le rinden una semana.

“Ellos mismos comprueban que en esta gasolinería no se les roba, que aquí si se dan los litros completos”, asegura Nicasio, un despachador con una experiencia probada en otras estaciones de servicio

Delfín, el taxista, le da razón a Nicasio antes de que, entre bromas y camaradería, le regale unas monedas de propina: “La diferencia es mucha, en otras gasolineras te roban hasta 70 pesos”.

En un principio la estación era la favorita de muchos taxistas, pero les ganó la impaciencia y optaron por irse a otras; ahí donde, como dice Delfín, les roban hasta 70 pesos por tanque.

Para Otilio y su esposa, es la primera experiencia de venir a cargar combustible en esta gasolinera. Refieren que solían pasar seguido por aquí y preguntaron en una ocasión por qué había tantos automóviles esperando turno para llenar tanque. “Nos dijeron que aquí si daban litros de a litro y pues venimos a comprobarlo”, cuenta sin descender de su automóvil.

Nicasio sostiene que así debe ser: que no hay necesidad de que los conductores se bajen de sus unidades desconfiados de que le vayan a echarle menos o para ver si no arranca en cero la bomba.

Lo primero que hace Nicasio es indicarle al automovilista que la bomba marca e inicia en cero.

Es notable cuando el consumidor es primerizo: ve a la bomba o se baja. Pero son pocos. Los que son clientes frecuentes usan el tiempo de desconfianza para juguetear con sus celulares o, si son mujeres, para mirarse un momento al espejo, recogerse el cabello o repintarse los labios.