Negros presagios para Tabasco

Víctor Ulín/Sin Remitente/

La Comisión Nacional del Agua informó hace unos días que las presas del país estaban a un 80 por ciento de su capacidad, cuando ni la mitad de los 55 frentes fríos han ocurrido y ya octubre, el mes más peligroso, se está asomando.
A mediados de la semana pasada, el gobernador Carlos Manuel Merino advirtió a la población que si llueve mucho, hay que preparamos… para la inundación.
Las noticias no son buenas y, por el contrario, se advierte un escenario catastrófico.
Lo que sucede en otros estados que padecen inundaciones por las intensas lluvias, son un presagio negro para los tabasqueños que viviríamos otra vez la misma desgracia del año pasado, sin que aún nos hayamos repuesto de los daños.
Asumiendo que las lluvias para Tabasco aún no impactan lo suficiente, pero que conforme avancen los días podrían empeorar, el desafío ahora será evitar que la población sufra lo menos posible la perdida de su patrimonio y de sus vidas.
La preocupación del gobierno tabasqueño no es para menos. Una segunda inundación consecutiva sería devastadora en términos económicos, dando por hecho que la prevención evitará fallecimientos ante un oportuno desalojo de las familias.
Con la información que dispone el gobierno que no seria nada halagueña, habrá qué comenzar a preparar en serio a la población para que desde ahora empiece a movilizarse a zonas altas y a resguardar sus enseres doméstico, lo primero que la inundación arrasa a su paso.
Hay que considerar que el próximo 4 de octubre asumirán los nuevos alcaldes que no tienen aún la experiencia para enfrentar fenómenos naturales ni mucho menos las consecuencias de una inundación, amén de que se renuevan también los mandos de protección civil, la mayoría sin el perfil adecuado.

La incertidumbre climática que tiene al país en vilo, no puede dar margen ni para confiarnos ni menos para improvisar, cuando se asoma el potencial riesgo de otra inundación devastadora.
Así que ni el gobierno ni la población podrá decirse sorprendida cuando las lluvias y el desborde de los ríos aneguen nuestros hogares.
Frente a lo que se viene, no queda más que la prevención, pero en serio.

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