El hundimiento de la consciencia

Laura Vázquez /

La calidez proveniente de la estrella en el firmamento se encarga de iluminar en un día donde pareciera que en el anterior jamás pasó una tormenta que dejó a toda una ciudad varada en las calles con la lluvia azotando contra los cristales de sus automóviles. Mojando cada centímetro de sus camisas de algodón, las chamarras de mezclilla, deshaciendo las sandalias como si de cartón se tratara y provocando que las pertenencias de los habitantes de Villahermosa se inundaran.

Los ciudadanos que llevan viviendo en el Edén en los últimos doce años en vez de sentirse sorprendidos por las secuelas que deja el paso de un frente frío en sus localidades, vuelven a traer al presente los recuerdos que dejó la inundación del 2007 donde una gran parte de la población perdieron sus casas y negocios. Los daños agraviados parecen cicatrices que arden sobre la piel cada que se presencia que una lluvia vuelve a dejar debajo del agua las avenidas e impide que las combis circulen por sus rutas habituales porque temen no llegar al final de la calle.

El desborde de la Laguna de las Ilusiones afecta a los alumnos de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y a los demás que tanto circulan, como los que viven alrededor de Avenida Universidad. El agua contaminada por el paso de los años debido a los desechos acumulados de basura y sustancias tóxicas se mezcla con los charcos formados en las aceras al pie de los edificios, los pasos que se convierten en zancadas y posteriormente en un trote por parte de quienes fueron tomados desprevenidos ante el abrupto cambio de clima en el día no logran salvarse de que su calzado se humedezca con la combinación de los desechos del agua y la tierra que los persigue por el arroyo.

En la cúspide de la tormenta todos lo demás factores salen a colación como los monstruos que se ocultan debajo de la cama o en las oscuridades del armario, es en medio del tráfico, donde las calles están tan saturadas de automóviles con sus conductores irritados ante los largos minutos que llevan atrapados sin poder avanzar. El agua no llega a bloquear todavía las puertas, pero sí es capaz de llevarse consigo la basura de los que viven cerca de la zona y los que dejan sus residuos por donde pasan, pronto el cúmulo se une con las hojas de los árboles que caen abruptamente por la fuerza que el viento ejerce en el ambiente y desaparecen a través de las alcantarillas hasta que la cantidad rebasa el diámetro de las mismas, tapándolas. Pero eso no detiene que el efecto se produzca en el resto de las calles de la ciudad.

Pero este no es el único problema visible por los sentidos. El oxígeno de los que se encuentran dentro de sus carrozas de metal parece ser insuficiente por la desesperación y estrés que acumulan, seguir apretando la bocina resulta inútil ya que las largas filas siguen inmóviles como en la última media hora. Por lo menos la lluvia en el exterior ha cesado, lo que permite poder bajar las ventanas para respirar un poco del aire “limpio”.

Ese pensamiento no tarda en desaparecer ante el hedor que alcanza las fosas nasales como un incendio que se extiende hasta la garganta, un vértigo se hace presente desde la boca del estómago y coaliciona con las arcadas que provoca el olor del drenaje que es más potente que la gasolina o el humo que también se percibe en el ambiente. La idea de asfixiarse en el interior del carro o el transporte público resulta más agradable que seguir soportando la diversidad de pestilencias que invaden el aire.

Es curioso pensar que todo eso no está en plena vista a las doce de la tarde del día martes, que el sol reine en el cielo azul donde antes había estado tan oscuro como si de la noche se tratara y que ahora todos transiten sin algún problema con la contaminación de por medio, o que no les afecte directamente. Y hasta cierto punto es un gesto de hipocresía que se olvide de todos esos factores en los que no se indagan con profundidad, que la crisis ambiental no solamente se trata de ver basura acumularse o que el aire por donde se camina se llene del humo del cigarro, va mucho más de eso, afectan los ecosistemas que cada vez colapsan con mayor rapidez como se apresura la extinción de animales. Pronto todos estaremos bajo los escombros de lo que alguna vez fue nuestra tierra, enterrados sin la posibilidad de volver a ver la luz y sin la suerte de presenciar la oscuridad de la noche

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