Gobierno y Prensa en Tabasco en tiempos de la Transformación

Víctor Ulín/Sin Remitente/

La prensa no podía ser ajena a la transformación social, política y económica que en Tabasco viene promoviendo el gobernador Adán Augusto López Hernández, y en el país el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

La nueva relación que plantea el gobierno de Tabasco -y el federal- tiene que verse como una oportunidad para fortalecer la credibilidad y legitimación de los medios y periodistas que en los últimos años, -además de otras amenazas- han enfrentado el arribismo de quienes con un celular han usurpado y lucrado en su nombre con cuanto actor político se ha dejado o alientan, y los que desde el anonimato emprenden campañas de linchamiento o difamación desde el tuiter o facebook.
Para el gobierno del Estado representa también la oportunidad de establecer y consolidar una relación respetuosa y transparente con directivos de medios, impresos, electrónicos y digitales, y periodistas profesionales.

Así tendría que entenderse ahora la relación del gobierno con la prensa en Tabasco, tan necesaria para el fortalecimiento democrático del país y de los propios medios.

De ningún modo debe reprobarse que un gobierno elija medios profesionales para promover sus acciones y obras de gobierno. Es, de hecho, su obligación para mantener informada a la población de lo que hace con el dinero de sus impuestos.
En Tabasco, los medios de comunicación y los periodistas profesionales son de sobra conocidos, aunque no todos hayan sido valorados o respetados por los gobiernos priistas o perredistas en su quehacer.
La crisis económica que viven los medios y periodistas no es consecuencia directa de la nueva política de comunicación social que impulsa el gobierno federal para acabar con excesos, y que ya se venía padeciendo desde hace años.

Para nadie del ámbito es un secreto que las nuevas plataformas digitales y redes sociales – por ende el surgimiento de nuevos medios y de ciudadanos activos que compiten al reportero en su actividad y que han puesto en jaque a empresas mediáticas que han aplazado su transformación o no se han adaptado al nuevo ecosistema mediático- merman al periodismo tradicional y a los periodistas que viven de su profesión.
A cualquier gobierno que se precie demócrata, le conviene tener una prensa profesional vigilante, crítica y aliada contra la corrupción, y que procure un periodismo que aporte, forme e informe, no que ataque o denigre.
Y a eso habría que apostarle privilegiando al periodismo profesional, no a los oportunistas.

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