Cataluña y el síndrome del independentismo

Artículo/ Elba María Pérez Isidro/
España se encuentra dividida desde que los catalanes pro-independentistas participaron en el referéndum sobre la independencia de la comunidad autónoma de Cataluña. Es decir, solo el 42% de los catalanes salieron a votar; el resto no sintió la necesidad de participar en un acto que es ilegal.
No es la primera vez que sucede un movimiento separatista, recordemos el Brexit. Hace un año los ingleses lo vivieron, decidiendo separarse de la Unión Europea. Sin embargo los ingleses no están del todo listos se considera que les llevará más de dos años dejar todo listo antes de la separación, plazo que le dio la unión europea para efectuarla. Una decisión poco meditada, pues es la primera vez que un país decide dejar la UE desde su creación, en 1992.
Entonces, si Cataluña sabe del caos que fue el Brexit ¿Por qué continuó con esta locura? La respuesta reside en como resuelven las disputas en la política interna española. Cabe destacar que a pesar de que Cataluña es su región más rica, también es la más corrupta. Es decir que este altercado está entre las mismas instituciones españolas, pues hay una larga lista de casos de corrupción por parte de los funcionarios catalanes. E imaginándonos dicha situación, ¿A quién se recurrirá en un juicio sobre un acto de corrupción, a un catalán o a un español?
Sin duda, los estados están a prueba en los tiempos de la globalización, movimientos independentistas están resurgiendo en todo el mundo como Escocia del Reino Unido, y, otra vez, País Vasco de España. Mientras tanto, en América se presenta en Santa Cruz de la Sierra y Tarija de Bolivia, Québec de Canadá y Texas de Estados Unidos. El caso de Texas es muy curioso, porque desde su separación con México estuvo 8 años como estado independiente y luego se anexó a EE UU, desde entonces ha ido creciendo hasta convertirse en un estado con una economía fuerte y próspera, así como con una identidad propia.
Tanto Texas como Cataluña tienen una economía robusta, unas tradiciones únicas, y un fuerte sentido de identidad regional. Pero ante todo hay un sentimiento de superioridad, y desconfianza ante el gobierno central. En Texas la preocupación está latente en la negligencia del gasto general del gasto público y la factibilidad de los derechos humanos, Cataluña coincide con lo anterior, sin embargo antecedentes históricos como la represión en la dictadura de Franco y el empleo de una lengua diferente agudizan el problema.
Sin embargo Texas permaneció en EE. UU., y con certeza pasará lo mismo con Cataluña, aunque con resentimientos más profundos en su relación con España, sobre todo con el gobierno central, representado por Rajoy, quien de vez en cuando debería tomar uno que otro consejo y escuchar a la voz popular que clama a gritos que entable un diálogo con la Generalitat. Y para dejar un poco más limpio su nombre, tomar medidas más severas con los casos de corrupción (lo menos que puede hacer después desde el desastre mediático que ocasionó el pasado 1° de Octubre), porque en estos casos es mejor que los trapos sucios queden dentro de la casa y no ser la comidilla del mundo entero.

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