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El ogro filantrópico y el manual de crisis

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Columna Pórtico/

 

Román Ramírez Carrillo/

 La crisis es una situación grave y difícil que pone en peligro el equilibrio, la continuidad o el desarrollo de un proceso de trabajo en el ámbito político, y gubernamental y pueden llegar a debilitar y dañar la imagen y fama de la institución o persona.

El manejo de crisis en el gobierno federal, ante el gasolinazo, ha resultado contraproducente, y motivado respuestas esquizofrénicas del Presidente, lo cual queda claro con las frases “es doloroso pero necesario” o la pregunta cargada de ira: “¿ustedes que harían?”.

Para cualquier experto en manejo de crisis, son evidentes los errores en el manejo de la crisis.

Primero. Las estrategias de primera respuesta ante la inconformidad social, no fueron las adecuadas. No se tomó la iniciativa de atender a los medios y  a los grupos sociales. No tendrían que haber esperado que los buscaran. No dieron el primer paso para asumir el control. Les ganó la soberbia, y un percepción errónea de lo que vive y piensa la gente.

Segundo. No se estructuró un mensaje convincente, con respaldo informativo y justificación política y social, tanto verídica como jurídicamente.

Tercero. No se proyectó públicamente una actitud de compromiso y solidaridad con la población. El presidente andaba de vacaciones. No dirigió un mensaje a toda la población mexicana, que sería afectada, sobre todo, los más necesitados. Porque no se afectaba sólo a los que poseen automóviles.

El decálogo para tener un adecuado manejo de crisis, es el siguiente:

Nunca mentir.

Actitud abierta para recibir críticas. Ser receptivo al malestar social..

Tomar decisiones oportunamente, no dejar que el tiempo nos haga perder oportunidades por inacción. El gobierno quedó en auténtico pasmo.

Transmitir control y seguridad. Las respuestas y explicaciones  del gabinete eran contradictorias. El presidente se mostró incapaz e insensible.

Tratar de conectar con las motivaciones de la gente. El presidente nos dio la cara con dosis de gruñón y de ogro filantrópico estatal, que cree que nos hace un favor al gobernarnos.

Estar dispuesto a ofrecer disculpas y reconocer errores. Al gobierno le cuesta trabajo reconocerlo, pues lo consideran  rasgo de debilidad.

No ofrecer explicaciones contradictorias o que confronten a la institución.

Debe haber solo una versión pública, institucional, consensuada. El presidente se hizo bolas al explicar  con los causales del gasolinazo.

No tomar actitudes viscerales, ni negar que estamos ante una crisis, cuando esta es evidente.

Se debe prever el peor escenario, y prepararse ante esta posibilidad.

Cuando estalló una crisis, no se tomó la iniciativa de hablar con los grupos sociales, de ser los primeros en informar, para imponer la agenda pública a partir de la visión de Sociedad que se desea, por no hacerlo, se tuvo que asumir posteriormente una actitud reactiva y defensiva.

El aumento a las gasolinas, desató una gran inconformidad popular y descontento social generalizado.

Uno de los grandes beneficios, es que en contrapartida, la población asumió la crisis en una actitud contestaría pacífica en su mayor parte.

Se unieron contra este aumento grandes sectores del país que antes no lo hacían, entre ellos organizaciones civiles, sectores populares, empresarios, algunos partidos, algunos gobernantes y ciudadanos comunes.

Se empieza a ver la posibilidad de que el pueblo de un paso más, no sólo una posición vociferante, sino la organización popular para exigir un cambio en todos los niveles, en lo social, en lo económico, que se combatan los tres temas que más le duelen: la inseguridad, la corrupción y la impunidad.

oceanoazul@live.com.mx

 

 

 

 


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