General

The Midnight Special, la prisión y la luz.

Comparte en tus redes sociales:

Columna Non Serviam/

Leopoldo Emmanuel Benítez Arias/

El director de cine Jeff Nichols tiene para este año dos películas: Loving, que estuvo en el TIFF (Toronto International Film Festival) y que aún está por estrenarse en salas, y The Midnight Special que ya pasó por los cines y se puede encontrar en los cineclubs y en plataformas como  Cinépolis klic, si la quiere usted ver dentro del marco de la legalidad.

Me da algo de tristeza enterarme que fue un fracaso en taquilla, por lo que ntentaré hacer una aportación humilde y tal vez no muy fructífera, pero necesaria. Una vez escuché a alguien decir (ojalá y recordara quien fue para darle crédito) que muchas veces la misión de un crítico de cine consiste en salvar del olvido a esa joya que queda oculta bajo la sombra. Yo no soy crítico de cine, pero soy un entusiasta del cine. Y compartiré a continuación por qué The Midnight Special es una película que debe verse y disfrutarse.

Primero lo primero, Midnight Special es una canción (una de las versiones más famosas es de los grandiosos Creedence Clearwater Revival) y habla sobre la cárcel y los presos. Por el otro lado el Midnight Special es o era un tren que salía solo en punto de la media noche y recorría el sur de Estados Unidos, supongo que de Texas a Luisiana y de regreso.

Según esta canción, existe una superstición entre los presos que dice que si la luz del tren al pasar por las vías cercanas a la cárcel lograba colarse hasta tu celda, era señal de que pronto saldrías libre o en ese tren venía tu esposa o algún familiar para sacarte. Por eso el estribillo va así:

Let the Midnight Special shine a light on me

Let the Midnight Special shine a ever loving light on me.

La película trata sobre un hombre que, con la ayuda de un amigo suyo que es policía, logra rescatar a su hijo de una peligrosa secta religiosa denominada El Rancho. El FBI ha estado rastreando los movimientos sospechosos y la compra de armas de esta secta. Casualmente, la noche en que el niño es rescatado por su padre, el FBI asedia El Rancho. Una vez ahí, los agentes descubren no solo una alarmante cantidad de armas, sino información muy sensible e imposible de obtener del gobierno de Estados Unidos. El líder de la secta y los miembros responden lo mismo: fue el niño.

Todos en El Rancho dicen que el niño es un enviado de Dios, el elegido, pues hace que las cosas vuelen, que la tierra tiemble, que las paredes se agrieten, saca ráfagas de luz por los ojos y les ha mostrado a todos imágenes de un mundo hermoso y perfecto. Según ellos, se trata del reino de los cielos y esa información que el gobierno guarda tan celosamente son las coordenadas y la fecha del Día del Juicio. Esto lleva a pensar al FBI que el niño es un arma y una amenaza para la nación.

La canción y la película hablan, en síntesis, de lo mismo: la prisión y la luz.

Aunque el presente en el que vivimos es sin duda la mejor época de la historia para gran parte del mudo, es también tiempo de verdades a media y simulación por parte de aquellos que ostentan el poder. Por alguna razón a pesar de los avances científicos y tecnológicos, la facilidad con la que podemos acceder a fuentes de información, la reivindicación del arte y la cultura como componentes del ser humano integral; somos incapaces de desarrollarnos como seres humanos plenos. Hay grupos que lo impiden, naciones que lo impiden, políticas y credos que lo impiden.

Ahí radica la belleza y la contundencia del discurso de la película de Jeff Nichols. Siempre, desafortunadamente, habrá un sistema represor que mantendrá a sus integrantes encarcelados. Pero también siempre habrán personas extraordinarias que luchen por la libertad, por lo que es correcto, por la verdad.

Esta es una road movie de verdadera ciencia ficción. Viajando exclusivamente de noche para no ser detectados, los personajes luchan contra reloj para llevar al niño al punto donde su futuro se decidirá (de Texas hasta Luisiana). Y es en serio contra reloj porque el pequeño está experimentando una drástica decadencia en su salud.

Pero al final, cuando la luz por fin cae sobre él todo queda claro. La luz libera y ese mundo tan lejano en apariencia, hermoso y casi perfecto no está en otra galaxia, sino aquí mismo, frente a nuestros ojos. Es un mundo que aspiramos a construir; pero no podemos, estamos presos.

Y es curioso que quienes quieren impedir que el niño vaya a ese mundo mejor sean el gobierno y una secta religiosa. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.

 

 


Comparte en tus redes sociales:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *