Pancho Peralta, siempre el indicado

Sin Remitente/

Víctor Ulín/

Muy pocos nombres y hombres públicos como el de Francisco Peralta Burelo concitaron la aprobación generalizada entre los profesionales del periodismo y la clase política en Tabasco para ocupar la coordinación general de Comunicación Social y Relaciones Públicas del Gobierno del Estado.

Aunque fue mencionado para el cargo desde antes del inicio de la administración, cuando sonaron los nombres de los que integrarían el gabinete, fue paciente –y disciplinado- en esperar su oportunidad y las circunstancias lo fueron colocando en el primer carril del escenario político: primero como presidente del Concejo Municipal de Centro durante cinco meses y ahora como el responsable de establecer las relaciones con los dueños de los medios de comunicación, los periodistas, y de promover- y proteger- positivamente la imagen del gobernador Arturo Núñez Jiménez.

Su arribo a la coordinación General de Comunicación Social se da en una situación similar a lo ocurrido en el municipio de Centro después de la anulación de la primera elección que ganó Gerardo Gaudiano Rovirosa: en medio de la crisis deberá hacer en dos años y medio lo que no se hizo en tres.

A su favor, Francisco Peralta Burelo goza del aprecio de los periodistas, de una  buena fama pública y aquilatada reputación y reconocimiento. Es un conocedor de los medios de comunicación, pero, por encima de ello, es un hombre que entiende la política como suma –y no como resta- para favorecer la gobernabilidad y una imagen favorable del mandatario perredista.

Su principal tarea será la de recomponer las relaciones con los directivos y periodistas de los medios de comunicación y al mismo tiempo replantear la fallida política de comunicación social que no dio resultados a lo largo de tres años y medio.

Hombre de retos, Francisco Peralta Burelo sabrá, con talento e inteligencia, fortalecer la imagen del gobierno y reposicionarlo en el imaginario colectivo. Ya probó, por su experiencia, que cuando existe voluntad, sensibilidad, sencillez y deseo de servicio –alejado de la soberbia y el autoritarismo que son igual a ignorancia y estulticia-, que se puede hacer mucho, y a veces más, aun cuando el tiempo del que se disponga sea de cinco  meses o de dos años y medio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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